Representación directa

La representación directa es el poder de un sujeto (el representante) de cumplir actos jurídicos en nombre de otro sujeto (el representado).

Todos los efectos del acto jurídico recaen sobre el representado, quien confiere a su representante, mediante el acto jurídico de apoderamiento un poder con determinadas facultades para que realice asuntos de su interés.

Esta noción identifica la representación con la legitimación de actuar en nombre ajeno.


Representación indirecta

La representación indirecta se trata de un actuación ante terceros en nombre propio del representante, pero para y por cuenta de otro. Así, la eficacia del negocio recae en la esfera jurídica del representante.

Un ejemplo muy claro, lo podemos encontrar en la figura del mandato sin representación, a través de la cual el mandatario que actúa en nombre propio adquiere los derechos y asume las obligaciones derivados de los actos que celebra en interés y por cuenta del mandante, aun cuando los terceros hayan tenido conocimiento del mandato.